30/12/2012 elespectador.com
En el siglo XIX el río Magdalena se convirtió en el principal aliado de la industria colombiana. Con unas precarias vías de comunicación, compuestas principalmente por caminos de herradura, trochas de barro y los propios ríos, los habitantes pudientes de la capital debían hacer malabares para traer sus mercancías desde el Caribe hasta Honda, el puerto principal, pagando fletes de transporte de entre 22 a 34 centavos de la época por tonelada-kilómetro.
Aquella aventura importadora trajo toda una serie de medidas proteccionistas que favorecieron a los principales industriales del país. “En Bogotá, los precios de las mercancías extranjeras podían llegar a ser el doble o el triple del que se cobraba en otras partes del país, debido a las dificultades del trayecto y a los costos del transporte”, consigna la catedrática Muriel Laurent en su libro Contrabando en Colombia en el siglo XIX, donde asegura que esta situación, sumada a los altos aranceles impuestos a las mercancías que entraban al país, allanaron el camino para que el país sucumbiera al delito del contrabando.
En los años siguientes, mientras el fenómeno se enconaba, las nuevas legislaciones fortalecieron ese proteccionismo y perjudicaron el comercio exterior. Según cifras de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Colombia es uno de los países más atrasados de la región en comercio per cápita (US$1.866 entre 2008 y 2010), a la par de Bolivia (US$1.236) y Nicaragua (US$1.447), y a años luz de Chile (US$8.001).
Dejar atrás estas impresionantes cifras se convierte así en la principal tarea del Gobierno para 2012, año en que contará con una de las mejores herramientas para transformar esta realidad: la alta probabilidad de que en el segundo semestre de 2012 entre en vigor el TLC con Estados Unidos.
“Estos acuerdos le generan oportunidad de acceso a mercados muy importantes para las empresas colombianas. Ya formamos parte del grupo de los 17 países que cuentan con un tratado con Washington, en el que todos sus miembros han experimentado crecimientos importantes en sus exportaciones y, lo más importante, diversificación”, resalta Sergio Díaz-Granados, ministro de Comercio, Industria y Turismo.
Parte de ese gran potencial se encuentra en el sector de textiles y confecciones. Teniendo como ejemplo a El Salvador, que gracias a su TLC con el país del Norte exporta hoy cinco veces más la totalidad de prendas y telas que Colombia, sus empresarios empezaron desde ya a hacer la tarea de extender sus redes de negocios por medio de estudios de tendencias en moda, contactos con futuros clientes y, sobre todo, la reclamación de los beneficios retroactivos del Atpdea.
Y aunque el sector ha tenido entre seis y ocho meses de preparación, su ejemplo no ha calado en toda la industria nacional. Para evitar que el libre comercio con el principal país comprador del mundo afecte al país, el Ministerio, en conjunto con Proexport y Bancoldex, han trazado una intensa línea de trabajo para evitar preparar al país. Entre su cronograma sobresalen las visitas que realizarán a partir del 11 de enero, en conjunto con expertos nacionales e internacionales, departamento por departamento, para conocer las necesidades inmediatas de las empresas.
Una de ellas, y quizá la más importante, es el riesgo a una avalancha de demandas por parte de las empresas estadounidenses que buscan enfrentar la competencia desleal. “Se trata de una legislación que por ahora sólo aplica a los estados de Washington y Lousianna, pero que permitiría demandar a empresas que sacan provecho de la tecnología para violar derechos de autor y propiedad intelectual”, señala Monserrat Guitart, de la Business Software Alliance (BSA), una consultora informática que opera en Colombia y Argentina. En su opinión, las principales afectadas serán las pequeñas y medianas empresas que hoy en día, como fruto de la piratería, trabajan con software pirata: “Cualquier componente de procedencia ilegal que haya intervenido en la producción o cadena de distribución puede convertirlas en sujetos de demanda. Pero esto puede ser positivo si ven la coyuntura como una oportunidad para adquirir las mejores prácticas del comercio internacional”.
Hoy en día el índice de piratería de Colombia (uno de los tantos fenómenos derivados del contrabando) se encuentra en 54%. Y el comercio puede convertirse en la mejor arma del Estado en su contra. “Las economías que soporten en el comercio y el sector real parte de su estrategia de crecimiento serán más exitosas que aquellas que le apuesten solamente a resguardarse en el mercado interno, al cual terminarán llegando los productos por la vía más desagradable de todas: el contrabando, que no genera empleo ni formalización ni oportunidades de crecimiento”, asegura Díaz-Granados.