Entrevista a Joaquín Yvancos acerca de José María Ruiz-Mateos

Entrevista a Joaquín Yvancos acerca de José María Ruiz-Mateos

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Entrevista a Joaquín Yvancos acerca de José María Ruiz-MateosA raíz del reciente fallecimiento del patriarca de los Ruiz-Mateos, consideramos oportuno reproducir a continuación la entrevista realizada para el diario El Norte de Castilla del que fue en su día abogado de la familia, Joaquín Yvancos:

Durante varias décadas, el empresario José María Ruiz-Mateos protagonizó hilarantes portadas, titulares efectistas y fotos de una teatralidad abrumadora. Se convirtió en fuente inagotable para los medios de comunicación, que se nutrieron de cada extravagancia cincelada por uno de los personajes que mejor ha sabido aprovechar el impacto en la opinión pública para su causa.

Pero a pesar de su exposición mediática, son pocos quienes conocieron realmente a la persona detrás del personaje, ya fuera con la careta del empresario carismático o del eurodipado que trató de impedir la primera Guerra del Golfo reuniéndose con Sadam Hussein y consiguiendo incluso la mediación del Vaticano.

Uno de ellos fue el abogado de la familia durante 27 años, Joaquín Yvancos, quien relata en su libro ‘Una familia ideal. Escándalos, traiciones y quiebras de los Ruiz-Mateos’ (Espasa), las luces y sombras de su historia desde los orígenes de la antigua Rumasa y su expropiación, hasta la creación de Nueva Rumasa y su declive personal y familiar.

¿Cómo es Ruiz-Mateos de cerca?

Era una persona sumamente agradable, que respetaba y que, sobre todo nunca tomaba decisiones por su cuenta. Siempre consultaba, consultaba y consultaba, aunque la última decisión fuese la suya, por eso se hacía con la gente. Tenía don de mando, te podía poner un grito pero luego tenía mucha mano izquierda. Es un hombre que llegaba a la gente pero que no tenía amigos. Conocía a mucha gente, le gustaba tratarlos, pero éramos muy pocos, unas cinco personas, a quienes él consideraba amigos.

El excentricismo ante las cámaras, ¿reflejaba su intimidad?

No era ningún payaso. Era una persona muy sobria a la que había que convencer de que tenía que hacer cosas imaginativas para salir en los medios sin gastarte dinero, como vestirse de Supermán. La gente lo consideró un payaso, pero él tenía tres o cuatro personas a quienes pagaba 100.000 pesetas por cada idea que tuvieran. Y era una idea detrás de otra. Se resistía hasta el último momento cuando tenía que hacer cosas histriónicas pero al final decía: «Hay que hacerlo, porque si con esto el tema de la vieja Rumasa no se duerme, no se muere, en una España en la que todo se acaba olvidando, pues se hace». Y al final, en contra de todos y sobre todo de su familia, que no aprobaba esos numeritos, se acababa haciendo. Pero no era ningún payaso.

¿Cómo era el Ruiz-Mateos hombre de negocios?

Fue un hombre capaz de comprar desde la cárcel una empresa. Era la primera empresita, una cava muy pequeñita de Barcelona y el señor fue a la cárcel a verlo y allí mismo la compró. A un tío que está en la cárcel, que no tenía nada a su nombre y se la vendió, a pagar en cinco años. El nunca había incumplido y la gente le vendía porque les daba confianza, la persona, el luchador, el que había luchado contra el gobierno, el que no había vencido económicamente pero sí había recuperado su imagen… Era un lince para los negocios y lo supo aprovechar.

Algunas experiencias empresariales darían para un guion de ‘Los Soprano’

El mundo empresarial se parece en cierto modo a la forma de actuar de una mafia y nos hemos llegado a encontrar en un hotel de las Bahamas con unos matones que nos sacaron las pistolas para robarnos las escrituras de una empresa. Es cierto que utilizaba métodos no muy bien vistos y que incluso rozaban la legalidad, pero no hacía nada distinto a lo que hiciera ningún empresario de su época. Hablamos de una generación del final del franquismo, del boom económico español que se dió cuando la contabilidad B era lo normal, cuando hasta los bancos tenían contabilidad B.

¿Cuál ha sido siempre el objetivo final de esa encarnizada lucha?

Centrarse en la Vieja Rumasa, en que la devolvieran. Y siempre se lo decía a sus hijos: «El mejor negocio que podemos hacer es que nos devuelvan lo que nos quitaron». Lo otro lo hacía porque era empresario, salían oportunidades y otras cositas pero no quería perder el norte. Compró el Rayo no porque le interesara el fútbol sino porque Jesús Gil le dijo: «Jose María, estás perdiendo el tiempo. Compras una empresa, llamas a los periodistas y vienen dos, pero eres dueño de un equipo de fútbol y todos los días tienes a 50 y convocas una rueda de prensa y les tienes a todos allí».

Y al final, ¿el enemigo estaba en casa?

Sus hijos han destrozado un imperio, han dejado de pagar a más de 5.000 proveedores, más de 10.000 puestos de trabajo se han perdido y más de cinco mil ‘pasivistas’ que confiaron sus ahorros, gente de entre 60 y 80 años de la generación del padre que lo han perdido todo. La injusticia que han cometido con él sus hijos la han cometido con 5.000 familias. Alguna vez incluso vino a mi casa cuando ya estaba fuera y me lo pidió. «Por favor Joaquin, haz lo que sea para que yo no pase a la historia como un estafador y, si tienes que meter a mis hijos en la cárcel, los metes».Yvancos, el abogado que desveló las sombras del controvertido clan



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